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trastornos de personalidad
Los rasgos de personalidad constituyen nuestra forma de percibir, relacionarnos y pensar sobre nuestro entorno y nosotros mismos. Estos rasgos de personalidad constituyen un trastorno sólo cuando son inflexibles y no permiten que la persona se adapte a las situaciones personales y sociales.
Es una incapacidad de reflexión sobre cómo la forma de pensar y de actuar tienen consecuencias en sí mismo y en el entorno. La característica fundamental que nos dice que estamos ante un trastorno de personalidad es una forma de comportarse y ver el mundo que se aparta de lo esperable y que afecta a las relaciones del sujeto, a su área afectiva y al control de los impulsos. Este patrón es estable y de larga duración. Su inicio se remonta a la adolescencia o principio de la vida adulta.
Cuando observamos en nuestros hijos o personas cercanas que realizan de forma continua conductas o que perciben el mundo de una forma que no les permite avanzar en sus metas, es importante iniciar cuanto antes un tratamiento que estimule la capacidad de reflexión de la persona, ya que en la medida que el tiempo pasa ese patrón de comportamiento se hace más persistente y es más difícil de cambiar en el futuro.